Caserío de san Jerónimo

El día 29 de septiembre salimos de madrugada para el Caserío de San Jerónimo. Viajamos en deslizador, la travesía duró cuatro horas surcando hacia Pucallpa. Llegamos al puerto, bastante difícil de encontrar, menos mal que las autoridades del caserío nos estaban esperando. Del puerto al caserío se tarda tres cuartos de hora en motocarro. El camino, como había llovido días anteriores, estaba bastante mal. El motocarrista era un hombre muy experimentado, pues a pesar del barro del camino, pudo avanzar, eso sí, con mucho esfuerzo.

Llegados al caserío, los padres de los niños que se iban a bautizar fueron apareciendo para inscribirlos. Se desató una fuerte tormenta con lluvia. Después de un buen rato, iniciamos la celebración de los bautismos. La verdad que fuera de los padres y padrinos no participaron moradores del caserío, se percibía bastante frialdad, se notaba la ausencia de un animador que, al menos de vez en cuando, reúna a la comunidad cristiana para orar y celebrar la Palabra de Dios. Eso se nota mucho y no ayuda para que las celebraciones sean más vivas y tengan un compromiso real de hacer comunidad y vivir la vida cristiana. Es una experiencia fuerte que nos interroga: ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué futuro tiene la Iglesia católica en nuestros caseríos? ¿Podemos hacer más de lo que podemos?  Para hacer más de lo que hacemos habría que visitar, estar más tiempo con los moradores… Eso supone un gasto económico fuerte.

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Partimos del caserío antes de que lloviese más. El camino de regreso al puerto donde estaba atracado el deslizador estaba todo embarrado por la lluvia, a cada rato había que descender del motocarro para quitar el barro pegado a las ruedas, para que  pudieran rodar. Felizmente apareció un motocarro con un motor más potente y, con dificultades, llegamos al puerto, montamos al deslizador y regresamos a Contamana. Llegamos a las seis de la tarde.