Semana Santa en Contamana

 El Consejo pastoral de la parroquia hace un gran esfuerzo en preparar la Semana Santa para sean unos días de comunidad que en torno al Misterio Pascual encontremos la razón de nuestra fe y nuestra misión. El tema propuesto ha sido “descubrir la riqueza y los tesoros” que nos ofrece estos días santos. Las catequesis de las mañanas, las oraciones y celebraciones han estado impregnadas de este tema nuclear con la finalidad de que los fieles vayamos comprendiendo la riqueza de estos días en los que se nos presenta a Jesús en su entrega total, desnuda y generosa.

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El Domingo de Ramos

 Bastantes niños con sus padres y abuelos acudieron a la bendición de Ramos, procesión y celebración de la Eucaristía, fue el pórtico de la Semana Santa. Los niños y los fieles aclamaban a Jesús con ramos y pancartas: ¡Viva Jesús! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Dios nos ama! ¡Hosanna al Hijo de Dios! Se percibía una gran alegría al acompañar a Jesús en su entrada en Jerusalén. Nuestra comunidad se comprometía a vivir unos días intensos de comunidad y de familia en torno a Jesucristo.

El Jueves Santo

 En la mañana se hizo la presentación del día a través del pan como signo de una vida entregada que se rompe y se comparte. La presentación y oración fue seguida por un nutrido grupo de fieles de la comunidad.

En la tarde la celebración de la cena del Señor con el lavatorio de los pies a tres familias como compromiso de trabajar en este año por el amor en familia.

La hora santa estuvo basada en el texto de “permaneced en mi amor” y acompañar a Jesús en Getsemaní, al mismo tiempo que pedimos para que el Señor enviara su Ángel del consuelo, de la esperanza, de la fortaleza.

EL Viernes Santo

 También, en la mañana, tuvimos la presentación del día, centrado en la Cruz como expresión del amor más grande que da su propia vida para redimir. Un buen número de fieles siguió con mucha atención y recogimiento tanto la presentación como la oración, con mucha fuerza cantábamos “mi fuerza y mi fracaso, eres Tú, Señor Jesús, razón de mi esperanza, Tú Jesús”.

La celebración de la pasión y muerte del Señor fue un momento intenso de la comunidad reunida en torno al altar desnudo y el silencio que invita al recogimiento. La proclamación dela Palabra realizada con dignidad y devoción. Momento significativo fue la adoración de la cruz: niños y jóvenes, adultos y ancianos, sanos y enfermos… todos necesitados de redención, nos fuimos acercando para tocar el madero y la imagen de Cristo Crucificado.

Después de la celebración, la procesión con la imagen de la Virgen Dolorosa y de Cristo en el Santo Sepulcro; durante la procesión fuimos meditando las siete últimas palabras de Jesús en la Cruz. Antes de finalizar la procesión, hubo un momento de encuentro de María con Jesús, las palabras del sacerdote ayudaron a entrar en la entraña de este encuentro donde María repasa la vida de su Hijo, le siguió un emocionado canto titulado “el diario de María”. Todos quedamos en silencio y emocionados, así seguimos hasta la Iglesia donde dimos fin a este Viernes Santo, ¿será verdad que la muerte de Cristo siga golpeando el corazón para ser mejores personas y creyentes? La muerte de Jesús es redentora, “sus heridas nos han curado” ¡Ojalá nos haya curado de nuestras indiferencias, cobardías y faltas de fe!

El Sábado Santo

 En la mañana nos reunimos para hacer la presentación de este día, marcado por el silencio y la espera, permaneciendo junto al sepulcro de Jesús y esperando la respuesta del Padre del Cielo. La oración fue un grito  callar y esperar, vaciar nuestro corazón para que la Novedad de la Resurrección nos genere andar en una Vida Nueva. Luego, hubo limpieza de la Iglesia, preparación de la toda la Iglesia para la celebración de la Vigilia Pascual.

En la noche, a las ocho, celebramos la Vigilia Pascual, una celebración esperada y preparada con esmero por toda la comunidad que ha seguido paso a paso el Triduo Pascual.  Éramos menos gente que el jueves o el viernes, pero quienes estuvimos allí presente, fuimos testigos, siguiendo la liturgia de la Iglesia, del gran regalo o don que Dios Padre nos ha hecho Resucitando a Jesucristo, su Hijo. Los fieles, el Cirio Pascual, las velas, las luces, la Palabra que narra la historia de la salvación, el gloria, el canto del aleluya, el Evangelio, la homilía, la renovación del bautismo… y la plegaria Eucarística con la comunión, todo fue un sabernos empujados por el Resucitado a resucitar de veras.

Terminada la Vigilia, tuvimos una cena de fraternidad donde no faltó el buen humor, la alegría y la felicitación de una Pascua con sabor a Resurrección.

Hemos de dar gracias al Consejo Parroquial, a los equipos de preparación de la Semana, a los grupos parroquiales y fieles, porque todos, de una u otra manera hemos hecho posible que el Señor pase dejando los tesoros de unas celebraciones vividas en comunidad, bien preparadas y, sobre todo, con la devoción de quienes quieren unirse más a Jesús y su empeño por un mundo mejor.