Principio de noviembre en Requena

D. Andreu Susarte Tomás

Hace más de un año, el cardenal arzobispo de Valencia, D. Antonio Cañizares, anunciaba por varios medios la voluntad y decisión personal (y de la misma Diócesis) de ayudar, en todo lo posible (con sacerdotes, laicos comprometidos, medios económicos, etc.), a los Vicariatos (probablemente) más pobres de Perú: San José del Amazonas y Requena.

Sus intentos han sido notables y, sin duda, levantaron mucha expectación, dando a conocer un poco más la realidad de nuestras misiones, así como recordando vivamente que la Iglesia es (y ha de ser) misionera, y que una Iglesia local generosa recibe como don de Dios más de lo que ella entrega.

Siempre hemos agradecido su interés, y hemos mantenido una comunicación bastante intensa con la Diócesis de Valencia, para encontrar la mejor forma de colaboración entre estas dos Iglesias locales.

Hace unos meses, nos comunicaron el envío de un sacerdote de la Diócesis a nuestro Vicariato. El enviado era el presbítero D. Andreu Susarte Tomás, natural de Massamagrel (Valencia). Desde la publicación de su nuevo destino, seguimos manteniendo las comunicaciones con D. Vicente Fondestat, con el fin de concretar el viaje, el tiempo de su estancia… Gracias a Dios, llegamos a estas decisiones: la venida de D. Andreu, para tener una experiencia por el tiempo que le permite el billete de turista (es decir, tres meses), tiempo que le permita conocer estar realidad de la selva y, además, sus posibilidades para adaptarse a unas condiciones tan novedosas con respecto a una tierra como Valencia (España).

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La preparación de su viaje ha sido muy rápida y su llegada a Perú, también. Salió de Valencia el día 23 de Octubre; ese mismo día llegó a Lima y a Iquitos. El día 24, a mediodía, se embarcó rumbo a Jenaro Herrera, donde era esperado por Antonio y las hermanas. Allí pasó cuatro días, disfrutando del cambio, adaptándose a las nuevas condiciones climáticas y gozando de la compañía de los hermanos. Pudo, además, visitar la comunidad de Sapuena, el domingo día 28, donde se celebraron bautismos de niños, y conocer la devoción tradicional al Señor de los Milagros.

El lunes, día 29, llegó a Requena. Todo rápido, quizás. Pero también intenso y bien aprovechado. Una primera confidencia, a su llegada, casi lo primero: “La gente está equivocada de lo que es esto”. ¿Por qué lo dijo? El calor, la acogida de la gente, la distancia, la incomunicación, los niños… Todo puede ser, pero además su primera vivencia de cómo la gente expresa la fe. Tiempo habrá para todo.

En Requena, bastantes conversaciones sobre la historia, la vida de los misioneros, lo que se puede esperar, o lo que esperan de nosotros. La presencia, la vida entre ellos, sin duda el primer medio. A Andreu no le faltaban las ganas de preguntar para saber cómo habría de plantear su vida aquí.

Pero su destino, para estos dos meses y pocas semanas, es Bretaña. No faltaban las dudas. La lejanía, la soledad, todo nuevo. “Estoy animado, quiero conocer”. Intentamos preparar las condiciones de la casa y avisamos a los responsables de aquella comunidad. Todo era alegría. Ganas de acoger y de hacer un buen recibimiento.

Son más de tres años de no tener sacerdote. Decidimos hacer el viaje el día 1 de noviembre. Todos los Santos. Buen día, pensé; buenos intercesores y nos animan en la misión. Salimos de Requena a las 6 en punto. Las últimas madrugadas tuvimos lluvia. El día presagiaba lluvia. Pero fue un viaje bueno y rápido.

Nos habían avisado que vendrían a esperarle. Pero hicieron un cálculo un poco retrasado. Cuando llegamos al puerto de arriba, no vimos a nadie; apenas cuatro varones que ni siquiera hicieron intentos de venir a ayudar. Pero un poco más arriba, dos mujeres y unas niñas sí vinieron a saludar y a apoyarnos, como sueles decir.

Andreu subió al único motocarro que había. Hacia la parroquia. Mientras, nosotros subimos todo lo que traíamos. Por suerte, un furgón. Nos dirigimos a la Iglesia. Por el camino nos cruzamos que varios motocarros, llenos de gente, que saludaban y hacían sonar el claxon. ¡Sí nos estaban esperando! Pero, llegamos antes de lo que pensaban.

Al llegar a la Iglesia, había mucha gente reunida, hablando ya con Andreu. Saludos a todos. Y una oración, dando gracias a Dios por el don de los hermanos y por la alegría de la acogida. No hicieron falta muchas palabras: sencillamente se notaba el gozo de tener entre ellos un sacerdote. Me hizo pensar en tantos lugares que necesitan y esperan que alguien les lleve la Palabra y los sacramentos. Tantos pueblos que pasan años sin la más breve visita.

Buen comienzo. Sinceridad en la acogida. Palabras que expresaban todo eso y el compromiso de acompañar y cuidar al hermano que ha venido a servirles. ·Les hemos preparado un almuerzo”. Pero era muy pronto. Un poco más tarde. Que tengamos tiempo para conocer la casa y hablar de algunas cosas.

De nuevo, sentir la acogida de la familia que cuida la casa, Jackson y Rosario, y sus hijos; y de uno de los animadores, Medardo. Estaba todo bien arreglado, limpio. Es tu casa. Compartida con esta familia que estoy seguro te cuidarán todo lo que puedan.

Hacia las 11’30, el almuerzo. Parecía la víspera de la fiesta Patronal. En el local comunal habían preparado comida para muchos. Pasaríamos de 100, adultos y muchos niños.

Después de la comida, yo tenía que regresar a Requena. Salir hacia el puerto y comenzar el viaje de regreso. Sentí la bondad de la gente, su alegría…, lo bueno que es Dios con nosotros. Y esperar que sea una buena vivencia. ¡Ánimo, Andreu!, ¡Gracias por tu decisión de venir!

Señor de los Milagros

Al finalizar el mes de Octubre, las veladas y las procesiones se multiplicaron por todas partes. Si en la Parroquia sólo hubo dos salidas procesionales, muchas instituciones hicieron sus recorridos orantes. Sobre todo los colegios. En algunas celebraciones estuvimos presentes: en el Colegio La Salle, en la celebración de Tarapacá y Juan Pablo II. A otros, los contemplamos desde la casa.

¡Señor de los Milagros, protege a nuestras familias y a nuestro pueblo! Que nuestra vida de fe se mantenga firme entre tantas tormentas y dificultades. Y que seamos seguidores cercanos a tu corazón, con el deseo de entregar nuestra vida por el bien de los más necesitados.

Hno Juan Oliver
Obispo del Vicariato de Requena

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