Encuentro-retiro de catequistas

El sábado día 21 hemos tenido este retiro. Después de la Celebración del Día de Catequistas (así nos viene este año la programación), celebramos el primer encuentro. Todos han sido convocados. La tarea de la Catequesis es una de las más importantes en nuestra Parroquia y la formación de los catequistas, una de los más urgentes compromisos.

Los grupos de Catequesis son diez. Unos grandes, otros pequeños. La población a la que nos dirigimos prácticamente es la de todos los barrios, aunque confesamos que queda mucho por hacer y muchas inercias que vencer. Se trata de sentir la urgencia de ir donde nadie quiere ir, la llamada a anunciar el Evangelio a los que se han alejado o a los que nunca se les ha anunciado la Palabra de Vida. Por eso, quisiéramos llegar a otros lugares y que muchos recibieran el anuncio. Los primeros beneficiados seríamos nosotros.

Elegimos como tema del encuentro la Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate, del Papa Francisco, publicada a los cinco años de su elección como sucesor de Padre. Exhortación que fue publicada el día 9 de abril y que es la tercera del Papa Francisco (después de Evangelii Gaudium y Amoris Latitia). El objetivo es “hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades”.

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Escogimos este tema y el texto por su actualidad, y porque es una reflexión profunda sobre la vida cristiana. Llamados a ser santos e irreprochables ante Él por el amor, como insta san Pablo en la Carta a los Efesios.

Nuestro encuentro comenzó a la hora prevista. Una vez más, la incertidumbre acerca de los asistentes, que poco a poco iban llegando, hasta llegar a los 36 que participaron. Al inicio del encuentro, la oración. Con serenidad y sencillez, con profundidad, la catequista coordinadora (Mercedes Silva) animó a abrirse a la presencia de Dios y a escuchar la palabra; sería la parábola del banquete que el rey preparó y al que tantos se excusaron. Pero el banquete se celebró. Pues el rey mandó a sus sirvientes a salir por los caminos a invitar a todos a gozarse con la alegría del rey.

El hermano Juan dirigió unas palabras de bienvenida. A continuación pasamos al comedor a tomar un desayuno “calientito” –el tiempo era frío, lluvioso-. Todos los agradecimos.

Hacia las 9 horas, de nuevo en el salón. El hermano Juan hizo una presentación de la Exhortación, presentando los cinco capítulos que la forman. Desde el comienzo, el papa nos dice: «El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada» (GE 1). En su explicación, va deteniéndose en cada uno de los capítulos, explicando su contenido, animando a su lectura y meditación.

El punto de partida es «el llamado a la santidad», que se dirige a todos. Pasa después a identificar «dos sutiles enemigos» que tienden a disolver la santidad en formas elitistas, intelectuales o voluntaristas. En el capítulo tercero expone las bienaventuranzas evangélicas como modelo positivo de una santidad que consiste en seguir el camino «a la luz del Maestro» y no una vaga ideología religiosa. Las Bienaventuranzas son en retrato de Jesús. En el capítulo cuarto, se describen «algunas notas de la santidad en el mundo actual»: paciencia y mansedumbre, humor, audacia y fervor; vida comunitaria y oración constante. La exhortación concluye con el capítulo quinto, dedicado a la vida espiritual como «combate, vigilancia y discernimiento».

Planteamos el encuentro como un retiro, incluyendo un tiempo largo de silencio personal. Cada uno de los participantes, antes de salir de salón, comunicó qué punto de la Exhortación sería objeto de su reflexión y meditación. El tiempo de silencio fue de una hora, que fue respetada con mucha seriedad.

Hacia las 11 nos reunimos de nuevo y, después de un canto que nos invitaba al silencia y al encuentro con el Señor, cada uno de los catequistas compartió su reflexión con todo. Fue un tiempo largo y precioso. Todos participaron y destacaron alguna idea o vivencia que les surgió con la lectura.

Casi a la 13 horas, nos dirigimos al comedor para alimentarnos con la rica comida que, una vez más, nos prepararon las personas del CEBE Manos Unidas. Rico arroz, con picadillo, alverjas, arroz y, de postre, una gelatina.

Después de un breve descanso, pasamos al salón. Quienes desearon comentaron sus impresiones, sugerencias y pareceres del encuentro. La impresión general fue de agrado, en todos los sentidos, destacando el tiempo de silencio y el tema de la santidad. Todos aprendimos cosas buenas. Gracias a todos.

Finalizamos con la Eucaristía del sábado. Un tiempo verdadero de encuentro con el Señor. Hoy nos dice: “¿también vosotros queréis marchar?”. “A quién vamos a acudir. Tú, Señor, tienes palabras de vida eterna”…

Gracias a todos, hermanos, por vuestro servicio. Buena entrega a la misión.

Feliz fin de semana.

Hno Juan Oliver, ofm
Obispo del Vicariato de Requena