Navidad en Requena

Tal vez me cuele en vuestra casa sin llamar y sin que me esperéis. Pero algunos me preguntan cómo se vive la Navidad en Requena. Y es una pregunta de difícil respuesta. Porque no todos la viven de igual manera, ni que haya formas muy distintas a las que son habituales en otros lugares (claro que ¡contando con las circunstancias, que son diferentes!).

¿Qué puedo deciros? Comenzaré como pueda y diciendo, como aquí hacen todos, cuando entran a una casa: ¡permiso!, ¡permiso!, ¡permiso!…

Mucha gente adorna su casa desde casi principios de noviembre. Incluso la Municipalidad instala un nacimiento gigante en la Plaza de San Francisco. Adornos, figuras, árboles, música… Muchas tiendas se adelantan a las solicitudes que vendrán y tienen cada vez más abundantes productos navideños. Y… sin haber comenzado el Adviento.

Nosotros procuramos seguir los pasos de la liturgia. ¿Qué le voy a hacer?, ¡cada uno tiene su formación y sus principios! Además al estar terminando el año, el curso escolar, las actividades pastorales; aparte de los viajes a las comunidades, tampoco permiten adelantar los acontecimientos. Paso a paso. Todo llegará. También el belén.

Requena no tiene muchas tradiciones fuertemente arraigadas. Todavía conocí algunos grupos que representaban las pastoreadas (una especie de autos sacramentales, representados por niños y jóvenes, dirigidos por alguna persona mayor) que iban de cada en casa interpretando escenas evangélicas del nacimiento o de los primeros meses de la vida de Jesús.

En los últimos años, hemos intentado poner en marcha algunas iniciativas para celebrar la Navidad y para prepararla. Recuerdo que, hace bastantes años, comenzamos con los jóvenes recorriendo las calles de Requena cantando villancicos y felicitando a las familias en sus casas, entrando también en los comercios. Pero esto duró poco.

Hemos ido probando otras cosas que sí van teniendo un mejor acogida y arraigo.

Muchas personas e instituciones, desde comienzos de diciembre, organizan las chocolatadas. ¿Qué son? Por buena voluntad, por filantropía, por alguna promesa…, preparan grande ollas de chocolate (cocoa) que reparten, con unos dulces (pancitos, panetón o bizcochos untados con mantequilla). Niños (sobre todo, muchos, muchos niños), pero también mujeres jóvenes y hasta mayores, acuden a los sitios donde se dan los repartos (puede ser cualquier lugar: una casa, una vereda), llevando vasos (pocitos), jarras y hasta ollas, para recoger el chocolate. No se pueden contar estas iniciativas; son muchas. Y muchos, muchísimos, los niños que corren de un lugar a otro esperando recibir su porción. ¿Cuántos de estos niños, que salen desde cualquier parte, comen medianamente bien, van a la escuela, tienen atención de sus padres cada día? Los que organizan estas actividades tienen buena voluntad, quieren compartir el espíritu de la Navidad como lo entienden: dar de comer, asistir al necesitado.

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Grupos de Catequesis y recital de Villancicos

En los grupos de Catequesis se trabajan figuras, láminas, dibujos de la Navidad. Centrando la atención en las figuras del tiempo de Adviento que nos ayudan a esperar: los profetas, María, José… Cada Capilla y grupo realiza estas actividades; algunos exponen los resultados. Una maravilla cómo los niños captan el Misterio. Es que… ¡hay que se niños para entender las cosas de Dios!

Estos mismos grupos catequéticos preparan un recital de Villancicos (ya son algunos años que lo vamos haciendo). La representación es en la Iglesia Catedral. En la mañana del día señalado (esta año ha sido el día 20), los catequistas preparan el presbiterio para los coros de los niños. Puedo deciros que los grupos (este año han sido 9 de catequesis y 1 de adultos) preparan con “muchas ganas” y tiempo. Y lo hacen muy bien. Lástima que no sean muchos los que asisten a la representación, porque es de mucha calidad. También los ángeles cantarían con sus voces celestiales para unos pocos pastores. Y no por eso dejaron de hacerlo bien y estar llenos de alegría.

Ayuda a los pobres

Preparando la I Jornada Mundial de los Pobres, se nos ocurrió proponer a todas las personas de Requena realizar un detalle para los más pobres de nuestra población. Todos los que sintieran esta llamada podían aportar víveres no perecederos o dinero con el fin de llenar 100 canastas navideñas para entregar a los más pobres de nuestra ciudad. La respuesta fue bastante buena, en lo que se refiere a recoger alimentos y otros productos; también la entrega de dinero fue buena. No se trataba sólo de repartir; lo importante era más la sensibilización a toda la gente, repitiendo en todas las celebraciones la llamada a la generosidad, y también por parte de algún medio de comunicación se transmitió la idea. Algunos comentarios alientan en estas iniciativas: Si lo organiza la Parroquia o el Vicariato, ellos son de fiar…

Pero se trataba, sobre todo, de visitar familias, conocer los barrios más alejados, darnos cuenta de la situación de pobreza extrema que vive gran parte de nuestra población. Muchos catequistas, personal de Cáritas y estudiantes de teología realizaron esta tarea. Muchos contaban las situaciones tan penosas que iban encontrando. ¿Será que nos extrañamos porque nos movemos en lugares más prósperos y no vemos la realidad como es? Sea la respuesta que sea, para muchos es una gracia “darse cuenta”, abrir los ojos.

Nos propusimos confeccionar 100 canastas. La lista sobrepasaba este cálculo. Pudimos llegar hasta 112. Pedimos voluntarios para repartir las canastas (puedo asegurarles que contenían buena cantidad de alimentos y de otros detalles importantes y útiles en la vida diaria). Llegaron muchos para hacerlo. El día 22 fue el día de la entrega.

No pretendemos nada especial, ni tampoco que sea conocido por los medios. Lo único que pretendíamos era llegar a las casas de los hermanos más pobres y abandonados, y llevarles un pequeño obsequio por Navidad, con el mensaje de que Dios los ama y que nosotros no queremos vivir al margen de su pobreza y abandono.

Visita a comunidades lejanas y a Jenaro Herrera

El día 23, sábado, realizamos una salida con la Granada, a Jenaro Herrera. Hace cuatro años comenzamos a salir hacia comunidades un poco alejadas, pero permitiéndonos la vuelta el mismo día. Entre asueto y conocer poblaciones un tanto alejadas, con las que compartir un tiempo, unas actividades y unas cosillas. Para celebrar el Nacimiento del Niño Dios. El viaje lo organizan catequistas, estudiantes de teología y, en alguna ocasión, Cáritas. Hemos estado en Monte Sinaí, en Yanallpa y en Bardales. Este año propusimos ir a Jenaro Herrera. Salimos a las 5 de la mañana, cuando todavía era todo oscuridad. Avanzamos a buen ritmo con la Motonave Granada (¡después del susto que nos dio semanas atrás!) y llegamos a muy buena hora, hacia las 8. Pero no pudimos tener el encuentro con los niños y los jóvenes de la Parroquia, así que les dejamos los preparativos para una rica chocolatada (que harían al día siguiente) y nos marchamos, unos a la quebrada y otros, al IIAP [Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana]. Creo que disfrutamos todos.

Compartimos el almuerzo (unos ricos juanes que mandaron preparar) con las hermanas (Stella y Pilar) y el hermano Antonio Soriano, de Jenaro. Nosotros (los religiosos y religiosas de Requena, los catequistas, profesores de varios centros, niños… Fue un tiempo agradable y de mucho agradecer.

Nos dispusimos a regresar. Disfrutamos del paisaje que nos ofrece el río, otros del descanso en las hamacas; comentamos las “mordidas” que la crecida va dando a las orillas y sus efectos en las poblaciones. A mitad de camino (o de río), tuvimos que ponernos a cubierto, nos amenazaba una fuerte tormenta, agua y viento. Al llegar a Requena, todavía seguía lloviznando (garuando se dice aquí). Rápidos a casa.

Noche de Navidad

La Misa del Gallo, también aquí se llama así, la celebramos el día 24 a las 9 de la noche. Mientras en la Plaza San Francisco, las atracciones y puestos de venta reclaman la atención de la multitud de los paseantes (giradores dicen en estas latitudes), las músicas potentes que buscan animar las caminatas y preparar la noche, también los numerosos grupos de adolescentes que explotan cohetes en cualquier lugar (lo importante es hacer ruido), nosotros celebramos la venida del Hijo de Dios a nuestro mundo, con la celebración de la Eucaristía. Fue una celebración gozosa, sencilla, muy participada (el templo lleno). La celebración terminó con el beso a la imagen del Niño Dios y el canto de los villancicos típicos de Perú y de la Selva.

Día de Navidad

Celebramos a primera hora porque la Navidad es fiesta de familia y todos van rapiditos a sus casas para encontrarse con los familiares, muchos llegados de Iquitos o de otros lugares, y comer la cena de navidad, normalmente pollo asado o relleno, y una taza de chocolate.

El día después es Navidad. Si en medio de la noche el silencio lo envolvía todo, para escuchar la Palabra que se encarna, ahora es el silencio (todo silencio equivale también a desierto, a no se ve a nadie).

Aunque éramos pocos, celebramos la Eucaristía de la mañana en la Catedral y, después en Tarapacá. Resonaba en nuestros oídos y en el corazón la belleza del prólogo de san Juan. Todo lo que nos dice el evangelista. Pero, sobre todo, que: puso su tienda en nuestra tierra, que somos parte de su familia por la fe, que él Niños nos ha dado a conocer al Padre. Y que sabemos dónde y cómo lo encontraremos: envuelto en pañales y recostado en el pesebre, contemplado por María y José, y por todos los que se acercan a adorarlo.

Como es costumbre, los religiosos nos reunimos para compartir un sabroso almuerzo. Este año en la casa de las hermanas Terciarias Capuchinas.

¡Feliz Navidad a todos! Y que el Nuevo Año sea de bendición y paz para todos.

Fraternalmente

Fr. Juan Oliver Climent, O.F.M.
Obispo Vicario Apostólico de Requena

P.D. Por supuesto que se dan otras formas de celebrar estos días. Nosotros lo vivimos así. Porque Navidad es Jesús, el Emmanuel.