Fiestas de san Francisco en Requena

San Francisco de Asís, el hermano Francisco, es uno de los santos más populares en esta tierra. Fueron los franciscanos los que llegaron a gran parte de la Amazonía peruana para llevar el Evangelio de Jesús a los pueblos amazónicos. Hace siglos. Muchas tareas, en todos los campos: en la cultura, en la promoción humana, en la defensa de la naturaleza y de los nativos de estas tierras, en el respeto y conservación de las lenguas autóctonas.

La evangelización fue y es, sin duda, el motor y la razón de tantas vidas entregadas. La evangelización que es buscar al hombre, donde se encuentre, y acompañarlo en su vida, en su desarrollo, compartiendo dolores y alegrías…

San Francisco nos enseñó que la evangelización es, ante todo, vivir entre, con desde, para los demás. Evangelizar es llevar el evangelio vivo, es anunciar y trabajar por la paz, es crear condiciones de vida humana. Siempre con el pueblo, sin búsquedas egoístas, desde la minoridad y la fraternidad. Y evangelizar es además, cuando Dios lo manifiesta, anunciar la su Palabra, plantar la Iglesia, suscitar la respuesta generosa a la llamada de Dios.

Entre nosotros, san Francisco es conocido y popular. Por otra parte, la naturaleza viva y rica, exuberante y feraz, y todos los seres vivos, encuentra en él un protector, que es para nosotros modelo de respeto y de convivencia fraterna con todas las criaturas.

En Requena, como en otros lugares de nuestro Vicariato, San Francisco es Patrono. De ahí que se celebre esta Fiesta no sólo litúrgicamente, sino también con muchas actividades culturales, educativas… siempre que se pueda.

Este año, desde hace varias semanas, sufrimos un largo verano (ausencia de lluvia, calor pegajoso; muchos pozos se secan y hay que buscar agua muy lejos…). Cuando todo estaba preparado, todo lo que se había programado hacía semanas; cuando brillaba en los rostros la alegría de festejar a nuestro santo, algo nos hacía presagiar que el tiempo no sería de mucha ayuda. Pero, a pesar de todo, adelante, siempre adelante, como decía nuestro hermano y santo Junípero Serra.

Los coros de las capillas ensayaban los cantos para el día del tránsito. Otros grupos se fueron sumando queriendo participar. Y no sólo los cantos, también los adornos, los aparatos de sonido. Los refrescos, los dulces… A todos, sobre todo a los niños, debían llegar estos dones.

Llegó el día 3, cuando celebramos la muerte y el tránsito de san Francisco. La hora de la convocatoria, las tres de la tarde, en la Capilla de Juan Pablo que, aunque pequeña, se convirtió en el centro del inicio de la Fiesta.

12_transitoPero, antes de esa hora, se hizo presente una fuerte lluvia, la hermana agua. La entrada de la Capilla, a pesar de los toldos protectores, se inundó. Y hubo que buscar un remedio rápido. Poco a poco, la capilla fue llenándose de niños y jóvenes, sobre todo; también el exterior de la Capilla. A la hora prevista dio comienzo el recital de cantos franciscanos. Pero lo primero fue la oración bien dirigida por las hermanas Magda y Raquel, sobre las virtudes. Después, los diez centros de catequesis, Cáritas y el Tecnológico interpretaron cantos franciscanos conocidos. El maestro de ceremonia animaba la participación de todos, unas veces con aplausos, o cantando juntos…

Terminado este recital de cantos, los jóvenes del Centro de Emaús que se preparan para la Confirmación, escenificaron el tránsito de san Francisco. Su catequista, Daniel Gordon, hizo un buen trabajo. Si los cantos atraen la atención, la escenificación tiene un poder superior. Y verdaderamente los jóvenes lo hicieron con mucha unción, respeto, devoción.

Seguimos el programa. Ahora había que ponerse en marcha, en procesión. El itinerario previsto, largo, recorriendo muchos barrios de Requena. Como siempre nos recordamos, caminar sin interrumpir el tránsito vehicular, pues las calles de Requena no se encuentran con muchas facilidades para rutas alternativas. Así íbamos caminando, con cantos, con alegría. Al llegar a la esquina de Tarapacá, la primera parada: una reflexión en el camino… Y de nuevo en el camino… Pero pronto aparecieron densos nubarrones, y la lluvia, la garúa. Al llegar al puente del anillo vial, la lluvia se hacía más intensa. ¿Qué hacer? Lo previsto era llegar hasta muy arriba, y bajas hasta la Cruz del Peladillo. Pero no fue posible. Una decisión rápida: quedarnos en el Colegio Padre Agustín López Pardo, llevar allí los alimentos (pan, chocolate) y tener la velada. Gracias al personal del Municipio y a la paciencia de la gente, estos actos terminaron bien, mucho antes de lo previsto.

El día 4, la Solemnidad de San Francisco. Domingo. Lo que se había previsto: la celebración de la Eucaristía y el izamiento de las banderas y el desfile. Durante la noche había llovido con intensidad. La mañana comenzaba con el mismo tenor. Pero, a pesar de eso, la Eucaristía fue muy participada. La Iglesia estaba casi llena. La participación de todos, con los cantos, lectura, ofrendas, nos hicieron vivir un cálido ambiente fraterno y festivo. ¿Cómo no recordar ante tanta inclemencia y aparente adversidad, el relato de la verdadera alegría?

No pudimos hacer más. Compartimos el refresco y los bizcochos entre los asistentes. Y muchos niños más que se alegraron del desayuno.

“Yo he cumplido mi tarea. Cristo os enseñe la vuestra, y vosotros la hagáis vida”. En alabanza de Cristo.

Fr. Juan Oliver