P. Diego Feliz Blanco
1921-2016

El año 1974 se incorpora a la misión del Vicariato de Requena, Perú, donde trabajó en la selva peruana durante 17 años. El día 22 de mayo, nos vimos sorprendidos por la noticia de la muerte de Fr. Diego. Damos a conocer la nota que desde la Provincia de la Inmaculada en España nos llegó sobre este hermano que tantos años vivió en nuestro Vicariato, ejerciendo el ministerio de secretario particular del Vicario Apostólico Mons. Odorico Sáiz, y desarrollando una fructífera labor en el pueblo de Requena, especialmente en los inicios del barrio de Jerusalén. Su memoria está todavía bien viva en este pueblo. Descansa en paz, hermano Diego.

22 de mayo 2016. El ser humano quiere más, vivir más, ser más, más de todo. Pero a veces no se sabe que es ese más. Tal vez porque lo que de verdad deseamos todos son anhelos de eternidad, que es nuestro destino final. Y sin embargo hay una resistencia infiltrada en nuestra naturaleza a no querer morir, a querer vivir más. Sin duda, una bendición bíblica incluye el deseo de que tengas una vida larga y veas a “los hijos de tus hijos”. Y el hombre de hoy está haciendo todo lo que puede por alargar la vida humana, consiguiendo prolongar los años aunque no siempre la calidad de vida en ese periodo de prolongación existencial.

En último término tenemos que rendirnos a la evidencia: la hermana muerte llama a nuestra puerta. Hoy ha llamado y ha venido a por nuestro hermano Fray Diego Feliz Blanco. Y si el vivir muchos años es una bendición, entonces podemos decir que Fray Diego es uno de los que hicieron un largo recorrido lleno de vida y de frondosidad, dejando tras de sí el fruto de sus esfuerzos y la dedicación de una persona entregada a Dios.

Diego había nacido en Pobladura del Valle, provincia de Zamora, el 1921, en el seno de una familia numerosa de base profundamente cristiana. El ambiente fuera de los muros del hogar, era aquel de los años escabrosos y de confrontación social que desencadenó la guerra del 1936-39. Terminado el servicio militar el hermano Diego ingresa en Arenas de San Pedro para comenzar el noviciado el 1946; el 1950 hace la profesión solemne y poco después es nombrado “recolector de vocaciones” de la Provincia de Castilla. Su ministerio en el campo de la actividad vocacional fue fructífero, como lo atestigua el número de hermanos que fueron al seminario por su mediación.

Fray Diego, de natural inteligente y muy abierto por su facilidad de palabra, sabia relacionarse con la gente y fácilmente hacía amigos. La chispa de sus anécdotas y la habilidad para hacer comentarios de memoria, hacían muy amena su compañía. Desempeñó diferentes oficios domésticos y fue maestro de postulantes. El año 1974 se incorpora a la misión del Vicariato de Requena, Perú, donde trabajó en la selva peruana durante 17 años. Vuelto a España fue destinado a varias casas, pero de modo especial su estancia en Alcalá de Henares donde por largo tiempo fue capellán del cementerio.

Sus muchos años evidencian que ha disfrutado siempre de buena salud, pero como la edad no perdona, en los últimos cinco años en Madrid comenzó a notar el desgaste del cuerpo y problema con la vista le fueron llevando hacia una dependencia sanitaria más continua. La obediencia de la nueva Provincia de la Inmaculada le destinó a Guadalajara a donde se trasladó en el mes de septiembre 2015. Y aquí en Guadalajara la hermana muerte le ha visitado. Un derrame cerebral acabó con su vida en cuestión de segundos.

Estamos convencidos que ya goza de la plenitud de la Vida. Su talante piadoso y observante de buen religioso; su alegría y habilidad para armonizar ratos de fraternidad con música, sus instrumentos y su memoria. Por lo que el Señor le habrá dicho, “ven bendito de mi Padre, porque estaba triste y me ayudaste a sonreír con el ritmo de unas cucharas de madera que usaba como instrumento musical.
Con alegría celebramos su muerte que, para nosotros, es el paso a la vida del Misterio en su plenitud. Nuestro cariño a Diego se expresa en este funeral cantando la resurrección de Jesucristo que es la garantía de nuestra propia resurrección. ¡Descanse en paz!

Fr. Pedro Ruano. Guadalajara